Qué es la Meditación

La Meditación es una práctica milenaria desarrollada por diferentes tradiciones espirituales, sobretodo por el hinduismo y el budismo, que ha ayudado a los practicantes a dejar la mente tranquila, a interrumpir el diálogo interno. La relajación, la serenidad o la paz interior son, sin duda, resultados posibles de una práctica que más bien busca conocer la realidad tal y como es, ser consciente.

La principal vía que se utiliza para llegar a ese estado de conciencia, consiste en concentrarse en el momento presente, mediante el ejercicio de regresar una y otra vez, a la experiencia del presente, de manera amable y sin juicio. Esta concentración o atención puede estar dirigida a la respiración, a visualizar algún pensamiento o imagen, a concentrarse en una palabra, enfocar algún objeto … hasta las que se practican sin objeto, desenfocando la tensión mental.

La esencia de la meditación es establecer un estado de conciencia donde el practicante puede observarse a si mismo, dándose cuenta que uno no es sus pensamientos, ni estos son la realidad, sino simplemente pensamientos que fluyen de manera incesante y que el meditador observa como si fueran nubes que se desplazan por el cielo. Este estado sereno permite darnos cuenta de que nuestros sentimientos, emociones o sensaciones corporales, son sólo parte de mi, pero no son mi verdadero “yo”.

Hay muchas modalidades distintas de meditación y cada una de ellas tiene o propicia su propio contenido. Desde las más antiguas , basadas en los textos hinduistas Upanishads que buscan la experiencia del Atman o verdadero ser; pasando por la meditación como contemplación amorosa de la Bhagavad Gita o la Meditación Zazen, en la que se medita sin ningún objeto, pensamiento o imagen; hasta las más contemporáneas como el Yoga Nidra o el Mindfulness, que desarrollan una “espiritualidad laica”.

Javier Melloni (2013), recomienda adentrarse en una de estas modalidades y recorrerla en profundidad, ya que si las probamos todas, sin acabar de entrar en ninguna, se corre el riesgo de ser meros diletantes, experimentadores que no adquieren un verdadero conocimiento capaz de transformarnos.

Por último decir que la  Meditación ha sido ampliamente estudiada por científicos occidentales en las últimas décadas, encontrándose que se trata de un procedimiento sencillo en su práctica y que tiene efectos relativamente tempranos. Existe un paralelismo evidente con técnicas psicológicas como podrían ser la Detención de pensamiento (Cautela, 1978), o la Supresión articulatoria, técnicas éstas que ya han demostrado su eficacia en la reducción de pensamientos obsesivos e intrusivos y, por lo tanto, útiles en alteraciones como insomnio, obsesiones, ansiedad, adicciones, depresión, etc. El mecanismo que subyace consiste en que el organismo no está reactivo a las fuentes externas o internas que lo perturban habitualmente y, por lo tanto, es un momento apropiado para su propia autorregulación (Schwartz, 1978), con los beneficios psicológicos y fisiológicos que esto conlleva.

Muy interesantes son también los recientes hallazgos sobre los cambios estructurales que se producen en el cerebro tras la práctica de la meditación (Lazar, S. y col., 2012) ya que aumenta la materia gris en las áreas del cerebro relacionadas con el aprendizaje y la memoria, la compasión, la introspección y la autoconciencia; disminuyendo la materia gris en la amígdala, zona encargada del miedo y del estrés.

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