La naturaleza de las EMOCIONES

1. Qué son

La alegría, el miedo, la tristeza, la ira… son emociones, algunas de las cuales compartimos con otros animales.

Se consideran reacciones conductuales, fisiológicas y subjetivas, activadas por una información proveniente del mundo externo y/o interno del individuo. Estas reacciones pueden ser de rechazo, si vivimos esos estímulos como peligrosos o displacenteros, o bien de atracción, si los vivenciamos como atractivos o placenteros. Podríamos decir que son un sistema de señales que nos indican la información que necesitamos saber en un momento determinado para hacer cambios y para saber qué acción emprender.

Las emociones obedecen a mecanismos codificados en el cerebro hace millones de años y se ponen en marcha de modo automático e inconsciente, con la finalidad de economizar tiempo en la esencial tarea de sobrevivir. Se consideran universales ya que se encuentran en todas las culturas estudiadas.

2. Cuales son

M. Muñoz propone cinco emociones básicas que el ser humano comparte con los mamíferos. Tales emociones cubrirían objetivos prioritarios de supervivencia: el miedo tendría por objeto la protección; el afecto, la vinculación; el objetivo de la tristeza sería el retiro; el objetivo del enojo sería la defensa; y el de la alegría,  la vivificación.

Otros estudios mencionan otras tantas tales como la frustración, el orgullo, la culpa, el interés, el gozo, la melancolía, el disgusto, la vergüenza, la culpabilidad, el éxtasis místico, el placer sensorial, la diversión… Incluso, algunas propuestas nos hablan del amor y el miedo como las dos emociones básicas de las que derivarían todas las demás.

En la actualidad, la comunidad científica está de acuerdo con los hallazgos de P. Ekman. Este autor clasifica como expresiones universales la ira, la repugnancia, el miedo, la alegría, la tristeza y la sorpresa. En cuanto al desprecio o desdén, es menos claro, aunque si hay evidencia preliminar en el sentido de que esta emoción y su expresión pueden reconocerse universalmente.

3. Funciones

La función fundamental que se les atribuyen a las emociones es el de supervivencia ya que nos empujan a defendernos de los estímulos nocivos (predadores, comida en mal estado…) o aproximarnos a estímulos placenteros (agua, actividad sexual, refugio…). En este sentido son motivadoras, nos dirigen a conseguir lo que es beneficioso y evitar lo que es dañino para el individuo y la especie. Nos empujan a vivir.

Para el psicólogo T. Ribot, nuestra personalidad envuelve  la gran terna afectiva constituida por el miedo, la cólera y el deseo, que serían los tres instintos básicos de la vida orgánica: instinto defensivo, instinto ofensivo e instinto nutricio y procreador.

Las emociones ponen en alerta a todo el organismo para que funcione como un todo, activando múltiples respuestas cerebrales (sistema reticular, atencional, mecanismos sensoriales, motores, procesos mentales), endocrinas (activación suprarrenal medular y cortical y otras hormonas), metabólicas (glucosa y ácidos grasos), etc.

Mantienen la curiosidad y con ello el interés y la atención por el descubrimiento de lo nuevo, es decir, facilitan el aprendizaje.

Suponen una forma de comunicación en sí mismas tanto con individuos de la misma especie como con otros de especies diferentes. Las emociones son fenómenos sociales en cuanto que comunican nuestro estado de ánimo a los demás.

Sirven para almacenar y evocar memorias. Todo acontecimiento asociado a un episodio emocional, se recuerda mejor.

Las emociones y los sentimientos (parte consciente de las emociones) juegan un papel importante en el proceso de razonamiento. Los procesos cognitivos en general están impregnados de colorido emocional, es decir, se piensa con significados emocionales, por lo que la emoción juega un papel fundamental en la toma de decisiones y planes de la persona.

4. Base fisiológica

Para comprender el gran poder de las emociones debemos considerar la forma en que ha evolucionado el cerebro humano.

El sistema límbico es más primitivo evolutivamente que otras estructuras cerebrales y se considera la sede por excelencia de las emociones. Está compuesto por estructuras como el hipotálamo, la amígdala cerebral o el hipocampo, entre otros.

El hipotálamo  regula el apetito y sed, la respuesta al dolor, la respuesta térmica, la satisfacción sexual, el comportamiento agresivo, el funcionamiento de los sistema nervioso autónomo simpático y parasimpático. El simpático se activa en situaciones de estrés, preparando el cuerpo para luchar o escapar. Por tanto el corazón late con más energía, los bronquios se abren para que penetre más aire, las arterias se dilatan para conducir más sangre a los músculos voluntarios, las pupilas se dilatan para observar mejor, etc. El sistema  parasimpático, por el contrario, se activa en situaciones de relajación y reposo: el corazón late más despacio, el peristaltismo y otras funciones digestivas se activan, etc.

La amígdala parece ser la estructura del cerebro que determina la selección y organización de la conducta. Cuando el sujeto activa una necesidad, la compara con otras necesidades previas y con las expectativas de su satisfacción y de ahí las transforma en estados emocionales.

El sistema límbico puede actuar independientemente del neocórtex, sin la menor participación cognitiva consciente. Esto se explica por la importancia evolutiva de ofrecer una respuesta rápida que permitiera ganar unos milisegundos ante situaciones peligrosas. Esto debió ser vital para nuestros antepasados, pues esa configuración ha quedado impresa en el cerebro.

Pero, aunque este sistema es veloz, produce respuestas toscas e imprecisas. En la cambiante sociedad actual, uno de los inconvenientes es que, con frecuencia, el mensaje de urgencia mandado por la amígdala suele ser obsoleto. La amígdala examina la experiencia presente y la compara con lo que sucedió en el pasado, equiparando situaciones por el mero hecho de compartir unos pocos rasgos similares, haciendo reaccionar según datos que fueron grabados mucho tiempo atrás.

Sin embargo, el sistema límbico no gobierna la totalidad de la vida emocional. Existe otra parte del cerebro, la corteza cerebral, que aparece posteriormente (en términos evolutivos) y que se encarga de elaborar una respuesta más adecuada. Los lóbulos frontal y prefrontal de la corteza cerebral moderan las reacciones emocionales, frenando las señales del sistema límbico y desarrollando planes de actuación concretos y conscientes. Por tanto, la idea de que las emociones no se pueden cambiar es totalmente erróneo.  Las conexiones existentes entre las estructuras límbicas y la neocorteza constituyen el centro de gestión entre los pensamientos y las emociones.

5. ¿Existen emociones positivas y negativas?

M. Güell considera que no existen emociones positivas ni negativas si no emociones útiles que traen un beneficio al individuo y otras poco útiles o poco adaptativas. Una respuesta emocional (alegría, ira, vergüenza) será útil en función del contexto. Si la respuesta nos ayuda a relacionarnos con el mundo que nos rodea, con los demás y con nosotros mismos, será una emoción efectiva y adaptativa.

Goleman, en esta misma línea, considera que emociones como el enojo, la melancolía y el miedo también tienen su utilidad ya que pueden llegar a ser fuentes de creatividad, energía y comunicación; el enfado puede constituir una motivación, especialmente cuando surge de la necesidad de reparar una injusticia o un abuso; el hecho de compartir la tristeza puede hacer que las personas se sientan más unidas, etc.

Podríamos concluir diciendo que no existen emociones positivas o negativas pues todas nos proporcionan información importante para nuestra supervivencia, para la adaptación al medio. Al actuar como señales, cada emoción brinda un mensaje distinto: el miedo dice “cuidado”, el amor dice “acércate más”, los celos dicen “alguien tiene algo que no puedo tener”, la ira dice: “las cosas no son como debieran”. Pero las señales (las emociones) no son un aviso para que nos recreemos en lo mal que nos encontramos, si no para reaccionar. Si la amenaza es verdadera, actúa, introduce un cambio en tu vida. No permitas que ciertas emociones  se instalen en ti con una duración, intensidad, frecuencia y en contextos, que las convierta en desadaptativas. Lo realmente importante es gestionar adecuadamente esas emociones.

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2 Respuestas a “La naturaleza de las EMOCIONES

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