El duelo tras el aborto espontáneo

EL DUELO ES LA REACCIÓN NATURAL TRAS UN ABORTO ESPONTÁNEO

El aborto espontáneo es algo que sucede con frecuencia en la naturaleza. Se considera que en torno al 20% de los embarazos terminan en aborto. Sin embargo, esta es una cifra imprecisa ya que muchas mujeres, antes de darse cuenta de que están embarazadas, pueden tener un aborto asumiendo que se trata de una menstruación más fuerte de lo normal. Por lo tanto, las tasas del aborto espontáneo pueden estar acercándose al 40% – 50% y en la mayoría de los casos no hay una causa cierta para explicar lo ocurrido. Simplemente, la reproducción es un proceso extremadamente delicado.

Cuando una mujer ha sufrido un aborto, pasa por un proceso emocional que puede ser duro. El dolor de la pérdida será intenso pero variará dependiendo de varios factores tales como su personalidad, grado de deseo del embarazo, momento en que se produce el aborto (cuanto más avanzado está el embarazo, más afectada se puede encontrar), consecuencias que pueda tener en el futuro, situación social y apoyo que puede recibir, grado de percepción de responsabilidad en el aborto, etc.

El aborto para los padres también supone una situación dolorosa ante la cual, muchas veces, no saben cómo reaccionar. Algunos se hacen los fuertes y apremian a la mujer a superarlo rápidamente cuando en realidad ellos también pueden sentir la necesidad de llorar, de lamentarse, de tener miedo y de echar de menos a su hijo. Los hombres deberían saber que mostrar su pena, llorar abrazados o reconocer el dolor, puede ser, en ocasiones, mucho más sanador.

Y es que, pese a que el aborto natural es algo que sucede con bastante frecuencia, la sociedad no está preparada, ni los padres tampoco, para asumirlo y comprenderlo. Más bien se evita hablar de ello, se silencia. Este hecho se traduce en frases como “ya tendrás otro hijo pronto”, “esto no es nada”, “olvídalo cuanto antes”, etc. Otro ejemplo lo vemos en muchos hospitales en los que la mujer que ha pasado por un aborto tiene que compartir habitación con madres que han tenido partos felices y bebés sanos. Asimismo, no existen actos rituales que permitan hacer una simbolización de la pérdida, no hay funeral, no hay entierro.

Pero la mujer que ha sufrido un aborto lo ha vivido como una pérdida importante que requiere su duelo, requiere su tiempo para digerirlo y aceptarlo y unos rituales para darle a ese bebé perdido la importancia que se merece. Se considera el duelo como la reacción psicológica natural ante cualquier pérdida y comprende cinco etapas: negación, ira, negociación, tristeza y aceptación, aunque no siempre se tiene que pasar por todas ellas y en el mismo orden. Vamos a describirlas brevemente:

Negación. La madre no puede creer como pudo pasar algo así y se niega a aceptarlo. La sociedad en general evita hablar de ello, se silencia.

Ira. Cuando no se puede negar u ocultar más lo sucedido, ese dolor puede tornarse en ira, en buscar culpables. La ira puede estar dirigida hacia situaciones, personas extrañas, familia, pareja, amigos, hacia el ser que hemos perdido… y con bastante frecuencia contra una misma. Es el momento de la tan destructiva culpabilidad que busca razones para hacerte creer que no cuidaste bien del embarazo.

Negociación. Cuando pasa el tiempo la persona se agota o se siente impotente y trata de tomar el control otra vez buscando respuestas o tentativas de solución, haciendo peticiones.

Tristeza. La madre puede ver que tampoco hay respuesta a esas peticiones y va ahondando en un profundo dolor. Puede querer alejarse de los demás, estar sola para pensar y llorar libremente, evitar situaciones que le hacen sufrir.

Aceptación. Cuando se da la oportunidad de vivir cada etapa, entonces se puede llegar a la aceptación de la pérdida. La madre comprende que ha tenido que lidiar con el dolor y superarlo. Esto no quiere decir que va a olvidar lo sucedido, sino todo lo contrario, la madre recordará por siempre a ese bebé que no llegó a conocer, pero reconoce que tiene que dejarle ir, salir adelante y enfrentarse a la vida con los retos que ésta le presenta.

Todo este proceso supone una experiencia de maduración que lleva su tiempo, en algunos casos hasta un año. Se considera completado el duelo cuando se han recorrido las etapas, se ha permitido que ocurran, y hemos aprendido a vivir sin el ser querido. Cuando dejamos de vivir en el pasado y podemos centrar de nuevo nuestra energía en el presente y en los que están a nuestro alrededor. La mayoría de las mujeres pueden elaborar su duelo e ir superando todas las fases sin “enquistarse” en ninguna. Sólo si la intensidad y la duración del proceso y la aflicción se prolongan, habría que solicitar ayuda profesional.

Os dejo con el testimonio de una mujer que relata de esta manera su experiencia:

-“Yo empecé, tras el legrado con la negación, me dijeron en el hospital que me pidiera 10 días de baja y yo no quería, pero no porque me sintiese bien, sino porque en mi cabeza no quería ver lo que me había ocurrido, quería vivir como si nunca hubiera estado embarazada y todo fuera una pesadilla, no quería descansar para creerme que nada había pasado.
La siguiente fue la de la negociación, me dije a mí misma: No me importa haber sufrido un aborto, no me voy a poner triste ni nada de eso, a cambio de que dentro de 3 meses vuelva a estar embarazada y esta vez salgo bien. Esa etapa me duró casi los 10 días de baja, no me sentía mal con mi negociación.
La siguiente fue la de la ira, de repente empecé a sentirme muy cabreada: con mi médico de cabecera porque me costó convencerle de que me hiciera más pruebas, conmigo misma porque si hubiera llevado el embarazo de otra manera, descansando más, estando menos nerviosa… y con la vida, con dios, porque las cosas no siempre me han sido fáciles, ni con mi familia, ni con mis anteriores parejas y ahora con tener hijos.
La etapa de la tristeza le he tenido hace poco, aparte de mi pareja, el otro día con unas amigas estuve llorando, con lo que me avergüenza llorar con gente, y esas lágrimas me hicieron sentirme bien, es como que sentí mi ira a la vida pero transformada en tristeza, me sentía cansada de estar enfadada, me sentía como una niña pequeña asustada y ya está.
Creo que ya estoy entrando en la etapa de la aceptación, quiero tener un niño, pero lo que es seguro es que yo voy a poner todo de mi parte para lograrlo, si las cosas salen mal, yo no puedo hacer nada más, no controlo la naturaleza. Y me siento tranquila porque acepto la parte que yo puedo controlar y la que no”-.

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