MINDFULNESS. Razones para practicarlo

El Mindfulness tiene su origen en corrientes meditativas (fundamentalmente orientales) milenarias pero al  integrarla en Occidente se despoja de cualquier marco religioso o cultural. Jon Kabat-Zinn, doctor en biología molecular, fue el primero que introdujo esta práctica en el modelo médico occidental en 1979.

Mindfulness, se ha traducido como Atención Plena o Conciencia plena y consiste básicamente en concentrarse en la experiencia del momento presente, con interés, curiosidad y aceptación; sin juzgar. Al regresar una y otra vez, de manera amable y consciente al momento presente, podemos observar cómo constantemente venimos del pasado o anticipamos el futuro y cómo ese momento presente, nos pasa inadvertido. Pero el pasado ya pasó y el futuro nunca llega, porque cuando llega, es presente; la única realidad es el presente, ese momento pleno, real, en el que mente y cuerpo están sincronizados.

Cuando me hago consciente del momento presente, lo siento todo de una manera más plena, más placentera, hasta los momentos dolorosos se viven de otra manera más llevadera ya que solo se trata de un instante de dolor y no de un futuro lleno de dolor. Otros beneficios observados por los practicantes del mindfulness son entre otros, aprender a enfocar la atención y evitar distracciones; encontrar una manera de calmarse y serenarse; afrontar mejor las situaciones de estrés; elegir tus respuestas en lugar de reaccionar mecánicamente; ser más compasivo y amable; ser más capaz de detener el pensamiento circular, las rumiaciones, por lo que el tiempo y la energía empleada en ello se puede utilizar para encontrar soluciones más eficaces; se genera la sensación de que hay un mundo de conocimiento a nuestra disposición, al ser más consciente de lo que piensas, de lo que sientes, de lo que de verdad necesitas, de lo que ocurre a tu alrededor; y en general, sentirse más vital, más conectado a uno mismo, a los demás y a la vida.

Diferentes autores han definido Mindfulness como:

“Conciencia Plena es mantener viva la consciencia en la realidad presente”. (Hanh,T.N. 1976).

“Prestar atención de manera intencional, como propósito, en el momento presente y sin juicios mentales” (Kabat Zinn, J.1994).

“Estar frente a la desnuda realidad de la experiencia, observando cada evento como si estuviera ocurriendo por primera vez” (Goleman, D. 1988).

“Darse cuenta, de la experiencia presente, con aceptación”. (Germer, Ch. 2005).

“La capacidad humana universal y básica, que consiste en ser conscientes de los contenidos de la mente, momento a momento” (Simón, V. 2007).

Durante las últimas décadas, la práctica de Mindfulness ha ido integrándose en la Medicina y Psicología de Occidente ya que numerosos estudios han evidenciado su eficacia en el tratamiento del dolor crónico, el estrés, ansiedad, adicciones, trastornos alimenticios, superación de las pérdidas y experiencias negativas, depresión… y en el bienestar general del paciente. Además, se trata de una práctica sencilla que no requiere tecnología, tan solo paciencia y perseverancia , y que da frutos en pocas semanas. Se ha incorporado a las llamadas terapias de tercera generación que se postulan como alternativa a las terapias psicológicas tradicionales (conductistas, cognitivo-conductuales, humanistas….)

En los últimos años, las nuevas tecnologías médicas ha evidenciado algunas posibilidades más del mindfulness. Numerosos estudios demuestran que meditar fomenta la autoconciencia, la empatía, la memoria, la capacidad de aprendizaje y la creatividad.

En 1999 se produjo un paso importante: Davidson y Kabat-Zinn midieron la actividad eléctrica de un grupo de voluntarios con electroencefalogramas, antes y después de seguir un curso de Mindfulness, comprobando que la zona cerebral encargada de las emociones y de la resistencia a la adversidad había triplicado su activación. Además, comprobaron que el sistema inmune de los participantes había mejorado.

Una de las investigaciones más interesantes es la que ha llevado a cabo un equipo de psiquiatras del hospital General de Massachusetts, (Lazar, S. y col. 2012), ya que han detectado cambios estructurales en el cerebro tras la práctica de Minfullness. Lazar y su equipo tomaron imágenes por resonancia magnética de un grupo de sujetos antes y después de que realizaran un programa de Mindfulness, evidenciando un aumento de la densidad de la materia gris en el hipocampo, área del cerebro relacionada con el aprendizaje y la memoria, así como en las relacionadas con la compasión, la introspección y la autoconciencia. Otro hallazgo significativo es que disminuía la materia gris en la amígdala, zona encargada del miedo y del estrés, lo que abre la puerta a nuevas terapias para pacientes con problemas de estrés postraumático o fobias.

En las personas de mayor edad, la diferencia era más que notable, lo que sugiere que tal vez meditar pueda ayudar a frenar el proceso de reducción del córtex cerebral y el declive cognitivo, asociado a la edad.

La investigación se está desarrollando incluso con niños de cuatro años, encontrándose que después de unas semanas, los niños mejoran su atención en clase, se concentran más y son más creativos y empáticos.

Todo indica que las posibilidades de la práctica del Mindfulness son muy numerosas y que su potencial está todavía por descubrir.

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