El JUEGO es una actividad inherente al ser humano

El juego es una actividad inherente al ser humano, existe en todas las culturas y se juega de manera extrañamente parecida en todas ellas; y un medio privilegiado para el desarrollo integral de todas sus capacidades: social, emocional, comunicativa, intelectual y motriz.

Por ello en la infancia, el juego constituye un medio pedagógico insustituible ya que permite al niño aprender y desarrollarse de una manera equilibrada, brindándole la oportunidad de practicar sobre muchos ámbitos de la vida, de forma voluntaria y libre, espontánea, divertida y placentera. Por ello, cuando se pregunta a los niños sobre lo que es más importante en sus vidas, el juego tiene siempre un lugar prioritario.

Existen varios tipos de juego que van surgiendo cronológicamente en la infancia. Entre los 0 y 2 años aparece el juego funcional o de ejercicio; entre los 2 y los 6 años, el juego simbólico; y entre los 6 y 16 años, el juego de reglas, aunque debemos tener en cuenta que la edad es solo aproximada y que una vez que aparece un nuevo tipo de juego no desaparecen los anteriores, por el contrario, avanza y se perfecciona. A estos tres tipos de juego hay que añadir el juego de construcción que aparece a partir del primer año de vida y va evolucionando ligado a cada estadio o periodo evolutivo.

1. El juego funcional o de ejercicio es evolutivamente el primero en aparecer. Consiste en repetir una y otra vez una acción por el puro placer de obtener un resultado, ya sea con o sin objetos: agarrar, chupar, golpear, reptar, introducir, sacar, etc.

Soltar y recuperar el chupete constituirá un juego típico de un bebé de pocos meses, mientras que abrir y cerrar una puerta o subir y bajar escaleras, serán juegos propios del final de este período. Si en lugar de interaccionar con objetos lo hace con otros seres humanos, se llama juego de interacción social, entre los que se encuentran dar palmas, los cinco lobitos, esconderse y reaparecer, etc. Estos juegos también experimentan una curiosa evolución ya que en sus comienzos, es el adulto quien los dirige pero en poco tiempo el niño invertirá los papeles pasando de ser el sujeto pasivo a tomar la iniciativa.

2. El juego de ficción o simbólico consiste en simular situaciones, objetos y personajes que no están presentes en el momento del juego. Por ejemplo, utilizar una escoba como si fuera un caballo o un armario como si fuera una tienda.

Hasta los dos años los niños se han relacionado con objetos y personas presentes pero a partir de esta edad no es necesaria dicha presencia. El lenguaje, que se inicia en este periodo, interviene en esta nueva capacidad de representación con lo que el juego experimentará un cambio profundo. Los juegos de ficción se convierten en guiones complejos y espontáneos que pueden interpretarse en colaboración con otros niños y para cuyo desarrollo utilizarán tantos elementos como encuentren a mano. Con estos juegos, los niños pueden expresar su mundo emocional, su versión de la realidad social,  su imaginación…

3. El juego de reglas aparece en torno a los seis años. Es aquel en el que se acuerdan unas normas, por las cuales todos los participantes saben lo que tienen que hacer antes de comenzar el juego. Algunos ejemplos de este tipo de juego son el fútbol, el escondite ingles o el parchís.

Si en el juego simbólico cada jugador podía inventar nuevos personajes, incorporar otros temas, desarrollar acciones solo esbozadas, en los juegos de reglas se sabe de antemano lo que tienen que hacer los compañeros y los contrarios. Son obligaciones aceptadas voluntariamente pero en los niños pequeños esta obligatoriedad no se considera como derivada del consenso entre jugadores, sino que tiene un carácter de verdad absoluta. Son necesarios años de práctica para descubrir que en cada familia o en cada pueblo se puede jugar de modo diferente y que, no por ello, un juego es más verdadero que otro.

4. Existe, por último, una categoría de juegos denominados juegos de construcción. No son característicos de una edad determinada sino que aparecen en torno al año de vida y varían en función de los intereses de cada estadio del desarrollo. Los primeros que aparecen se supeditan a los juegos de ejercicio: meter y sacar objetos, insertar piezas, apilar cubos, etc. En cambio, en la etapa de los 2 a los 6 años, el niño construye lo que necesite para apoyar los guiones de sus juegos de ficción, por lo que puede construir un avión o una cabaña con una caja de cartón.

Pero, ¿qué pasa en la edad adulta?

El deporte se ha convertido, sin duda, en uno de los juegos de reglas y de ejercicio más populares. Ello es debido a la importancia que tiene, en nuestra sociedad sedentaria, mantener un mínimo de actividad física que facilite el funcionamiento del organismo y la descarga de tensiones.

Así mismo, el juego de reglas no deja de practicarse incluso en la vejez. Los juegos de mesa, de estrategia, las cartas, de resolver misterios, etc. son actividades muy populares entre adultos de muy diversos lugares pues siguen siendo válidos como mecanismo de cohesión social, de manejo del ocio y de disfrute. Además contribuyen a mantener capacidades como la atención, la memoria o la reflexión.

Los juegos de construcción siguen siendo válidos a cualquier edad. Muchas personas consideran divertido hacer maquetas, dibujar, hacer bricolaje o coser pues les ayuda a abstraerse de problemas cotidianos, concentrarse en algo creativo y disfrutar del resultado. Y en cuanto al juego simbólico, su evolución más evidente es hacia el teatro y la dramatización donde se puede expresar un mundo emocional e intelectual muy rico.

Por otro lado, los juegos en familia son uno de los recuerdos más hermosos que el adulto tiene de su infancia. A los niños pequeños les encanta que sus hermanos mayores, cuidadores, padres o abuelos jueguen con ellos, que les enseñen juegos de su infancia, compartir unos momentos juntos, divertidos y entrañables. Y a cambio, el adulto puede disfrutar de la ilusión, la vitalidad, la magia y la fantasía de los niños.

Por todo ello, dejemos de vez en cuando de lado la formalidad de la vida cotidiana y revivamos esa emoción profunda que emana del juego, como si fuéramos niños. Porque, por supuesto, el juego constituye un elemento pedagógico y comunicativo de primer orden ya que nos permite seguir aprendiendo y desarrollando nuestras capacidades, pero también es ante todo disfrute. No perdamos nunca “el placer de jugar por jugar”. 

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