8 consejos para el desarrollo emocional de los hijos

Hay muchas cosas que los padres pueden hacer para contribuir al adecuado desarrollo emocional de sus hijos, de forma que les ayudes a adquirir un autoconcepto realista y una autoestima positiva, así como a forjar unas relaciones sanas con padres, hermanos e iguales. Los niños y niñas con un desarrollo emocional armonioso van a ser capaces de expresar y compartir sus sentimientos y a interpretar y respetar los de los demás. Mostrarán motivación e iniciativa y serán alegres y espontáneos.

1. Establece límites a su conducta.

Deja claro a tus hijos, desde muy pequeños, lo que se espera de ellos, con tranquilidad y firmeza. Las normas, las rutinas y los límites ordenan el ambiente, lo hacen coherente y predecible y por tanto, les proporcionan seguridad y protección. Las normas que les trasmitas han de ser claras y concretas, pero flexibles. Refuerza y celebra los comportamientos deseados. Si no muestras a tus hijos lo que esperas de ellos, o aplicas las normas de forma inconsistente y arbitraria, no sabrán cómo comportarse de forma apropiada.

2. Presta atención a sus sentimientos. 

Si tu hijo manifiesta tristeza, enfado o miedo, escúchale y se comprensivo con él. Evita las burlas o comentarios que les puedan herir. Pero es importante, el modo en que el niño busca tu atención. Algunos niños, para conseguirla, utilizan la pataleta. En este caso hay que hacerles saber de forma suave pero firme que solo se le atenderá cuando lo pida sin llorar, golpear o gritar.

3. Sácale partido a todas las formas de comunicación.

Hablarle con cariño mirándole a la cara, llamarle por su nombre, contar historias de cuando eras pequeño, leerle cuentos, cantar canciones, hacer imitaciones de personajes conocidos o animales, dibujar, gestualizar, bailar… son actividades que contribuirán a que el niño se comunique más y mejor y aprenda a identificar y expresar sus emociones.

4. Eres su padre antes que su amigo.

El ya tiene sus amigos o se los hará próximamente, pero tú eres su único padre o madre. Por ello, no eludas tus responsabilidades y no descargues sobre tus hijos  tus preocupaciones, problemas e intimidades ya que además de cargarles con algo para lo que no están preparados, te verán débil y puede que te pierdan el respeto. Sé espontáneo y muestra tus emociones, pero hazles sentir que eres capaz de hacer frente a tus obligaciones y a los retos de la vida.

5. Tu hijo no es una prolongación tuya.

Tu hijo o hija tendrá su propio carácter, sus habilidades, sus intereses, sus debilidades, sus gustos, sus propios amigos… Quierele por lo que es y no por lo que a ti te gustaría que fuera. Permítele desarrollar su propia personalidad y disfrutar de sus aficiones, proporcionándole experiencias con las que pueda satisfacer sus intereses y ofrécele oportunidades para compartir tiempo con sus amigos, divertirse y resolver por sí mismo los conflictos que puedan surgir en sus relaciones sociales.

6. Mostrar afecto.

Es imprescindible compartir momentos privilegiados de contacto físico y de ternura, sobretodo cuando son pequeños. Tómale la mano, dále un beso de buenas noches, estréchale en tus brazos, ofrécele la mejor de tus sonrisas para mostrar tu aprobación… Esto no quiere decir que seas un empalagoso y además, a medida que van creciendo, necesitarán menos contacto físico, te lo harán notar y debes respetarles. Y haz extensible ese afecto al resto de la familia, intentando que en tu hogar prime un clima cálido, sereno y respetuoso.

7. El ser humano nace muy indefenso y dependiente del adulto pero progresivamente va adquiriendo y desarrollando todas sus capacidades. No le exijas más de lo que puede hacer por su edad o momento evolutivo en que se encuentra; pero tampoco le sobreprotejas, es decir, hacerle tú las cosas que hace ya tiempo que debería hacer por sí mismo. Permítele que vaya desarrollando armoniosamente todo su potencial, que vaya tomando pequeñas decisiones y que vaya alcanzando gradualmente pequeñas cotas de autonomía.

8. Facilítale oportunidades para jugar y comparte algunos momentos de juego con ellos.

El juego contribuye al desarrollo del niño, ya que le permite practicar sobre muchos ámbitos de la vida de forma voluntaria, espontánea, divertida y placentera. Si compartes algunos momentos de juego con tu hijo, el niño se sentirá feliz porque su padre o madre están jugando con él y tú te sentirás satisfecho ante esa felicidad. Además, se comparte información privilegiada. A través del juego puedes conocer sus intereses, su forma de enfrentarse al mundo, su manera de expresar conflictos o de liberar su ansiedad.

 

 

 

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