La Sonrisa Interior

La Curación Taoista de Mantak Chia, basada en tradiciones taoistas milenarias, es un sistema de autoayuda para cuidar y prevenir la enfermedad y el estrés, así como para desarrollar todos los aspectos de la vida.

La idea clave que se plantea en este sistema es que se puede aumentar la energía vital o Chi, a través de técnicas sencillas y ejercicios físicos. Esta energía o fuerza vital circulará, gracias a esta práctica, por los meridianos del cuerpo y se alcanzará una buena salud, vitalidad, emociones equilibradas y desarrollo creativo y espiritual.

La mayoría de estas técnicas eran conocidas ya en la antigüedad por un grupo reducido de maestros taoístas y de alumnos escogidos. M. Chia empezó a enseñarlas al público en su Tailandia natal en 1.973 y en 1.978 introdujo el método en el mundo occidental fundando el “Centro de Curación Taoísta” en Nueva York.

El sistema completo consta de tres niveles:

El nivel 1 se concentra en la energía curativa y fortalece a la vez que calma el cuerpo.

El nivel 2 se ocupa de traducir las emociones negativas en fuerza y energía positiva.

El nivel 3 estudia las prácticas creativas y espirituales.

Todos los niveles incluyen prácticas mentales de meditación y disciplinas físicas, como el Tai Chi, el Pakua y el Chi Kung de la Camisa de Hierro.

En esta ocasión os voy a hablar de una técnica que corresponde al nivel 1: “LA SONRISA INTERIOR”

La Sonrisa Interior es una verdadera sonrisa dirigida a todas las partes del cuerpo, incluyendo los órganos internos y el sistema nervioso. Una auténtica sonrisa transmite energía afectuosa, que tiene el poder de animar, calmar, producir bienestar y sanar.

Puedes practicar esta técnica cuando sientas alguna molestia en tu cuerpo, cuando notes alguna tensión, estrés o en un estado emocional alterado por el miedo o la ira, por ejemplo. Estas situaciones o tipos de energía están llamados a propiciar enfermedades y a quitarnos la mayor parte de nuestra fuerza vital; a entorpecer la adquisición de nuevas ideas y de aprender. La sonrisa interior te ayudará a transformar estas emociones desadaptativas y agotadoras, en energía positiva y en vitalidad.

Preparación para la sonrisa interior:

  1. Practicar al menos una hora después de haber comido.
  2. Elegir un lugar tranquilo. Más adelante, se podrá practicar casi en cualquier sitio incluso con ruido, pero las primeras veces debes eliminar las distracciones para concentrarse en tu mundo interior. Hay que cerrar los ojos.
  3. Es recomendable que se utilicen prendas adecuadas para no quedarse frío. La ropa ha de ser cómoda. Conviene quitarse el reloj, las gafas, etc.
  4. Siéntate cómodamente sobre el coxis al borde de una silla, con la espalda recta, los hombros relajados y la barbilla ligeramente hacia adentro.
  5. Las piernas deben estar separadas y los pies apoyados sólidamente en el suelo.
  6. Las manos se colocarán cómodamente en el regazo, con la palma derecha sobre la izquierda.
  7. La respiración debe ser normal. Durante la concentración la respiración debe ser suave, larga y tranquila. Después de un rato, podemos olvidarnos de ella. Si se le presta demasiada atención, sólo se conseguirá distraer la mente, que debe concentrarse en enviar energía a los puntos deseados.
  8. Posición de la lengua: al principio, ha de colocarse donde se encuentre más cómoda. Si es incómodo colocarla en el paladar, se puede poner cerca de los dientes.
  9. Intenta practicar la Sonrisa Interior todos los días después de levantarte. Una vez hayas aprendido, podrás hacerlo en pocos minutos, imaginándote esa sonrisa, llevándola por todo tu cuerpo y almacenándola finalmente en la zona del ombligo.
PRACTICA
Puedes grabarte este texto para realizar tu práctica: 

Línea Frontal.

  1. Relaja la frente. Puedes imaginar que te encuentras con alguien a quien amas o una hermosa vista. Sienta esa energía de la sonrisa en los ojos.
  2. Después, deja que la energía de la sonrisa fluya al punto central del entrecejo. Déjala fluir hacia la nariz, y después hacia las mejillas. Siente cómo relaja la piel de la cara, los músculos faciales. Que fluya entonces hacia la boca, mientras levantas ligeramente las comisuras de los labios. Hazla pasar a la lengua. Mueve la punta de la lengua. Pónla contra el paladar y déjala ahí durante el resto del ejercicio. Lleva la energía de la sonrisa a la mandíbula. Siente cómo se relaja, liberándose de la tensión que normalmente se almacena en ella.
  3. Sonríe al cuello y la garganta, zonas típicas de acumulación de tensión. El aire, los alimentos, la sangre, las hormonas y las señales del sistema nervioso, circulan por el cuello. Piensa en el cuello como los maestros taoístas, que lo ven como el cuello de una tortuga: deja que se hunda dentro de su caparazón; que descanse así de la carga de sostener su pesada cabeza. Sonríele al cuello y siente cómo la energía abre la garganta y hace desaparecer la tensión.
  4. Sonríe a la parte delantera del cuello, donde se encuentran el tiroides y paratiroides. Esta es la sede de la capacidad del habla y, cuando está cerrada, el Chi no fluye libremente y no podemos expresarnos bien. Sonríele al tiroides y siente la garganta abierta como una flor.
  5. Deja que la energía de la sonrisa pase al timo, en el centro del pecho, sede del amor, del fuego, del Chi y de la energía curativa. Sonríele, siente cómo empieza a suavizarse y a humedecerse. Nota como se hace grande como una bombilla y, poco a poco, llega a su plenitud. Siente después cómo se desliza hacia el corazón la fragancia de su cálida energía, el Chi curativo.
  6. Que la energía de la sonrisa fluya hacia el corazón. El corazón es la sede del amor, de la compasión, del respeto honesto y de la alegría. Agradece al corazón su función de bombear la sangre a la presión adecuada para que circule a través de todo el cuerpo. Siéntelo abierto y relajado, como si realizara su trabajo con más facilidad.
  7. Lleva la energía de la sonrisa y de la alegría a los pulmones. Sonríe a cada célula de los pulmones. Agradéceles su maravillosa función de proporcionar oxígeno al organismo y expulsar dióxido de carbono. Siente cómo se suavizan y se vuelven más esponjosos, más húmedos. Nota cómo hormiguean con la energía. Sonríe profundamente a los pulmones y sonríe para expulsar la tristeza y la depresión. Llena los pulmones con la fragancia que el amor, la compasión y la alegría han traído del corazón. Deje que la energía alegre, amorosa y recta de la sonrisa fluya hacia el hígado.
  8. Sonríele a tu hígado, órgano situado en la parte derecha del abdomen. Agradécele su maravilloso papel en la digestión y en la eliminación de toxinas y sustancias nocivas. Siente cómo se suaviza y humedece. Vuelva a sonreír e introdúcete en el hígado. Toma conciencia de cualquier enfado o mal humor que haya dentro del hígado. Sonríe para eliminarlos y deja que la alegría, el amor, la rectitud y la calidez fluyan por él hasta que se llene y llegue a los riñones y a las glándulas productoras de adrenalina.
  9. Conduce la energía de la sonrisa a los riñones a ambos lados de la columna vertebral. Agradéceles que filtren la sangre, eliminen productos residuales y mantengan el equilibrio del agua en el organismo. Siente cómo se vuelven más fríos, más frescos y más limpios. Sonríe entonces a las glándulas secretoras de adrenalina, que están sobre los riñones; producen adrenalina para enfrentarse a situaciones de ‘lucha o huida’ y varias hormonas más. Sonríe de nuevo y llega al fondo de los riñones. Nota si hay algún temor dentro de ellos. Sonríe con la calidez de la alegría, el amor y la amabilidad y haz desaparecer esos temores. Deja que aparezca la naturaleza de los riñones que es la bondad y los llene hasta que la desborden al páncreas y al bazo.
  10. Sonríe al páncreas y al bazo. Primero, sonríe al páncreas, que está situado en el centro, hacia la izquierda, sobre el nivel de la cintura. Agradécele su producción de insulina, que regula el nivel de azúcar en la sangre y de encimas para la digestión. Después, sonríele al bazo, que se encuentra en el costado izquierdo. Dale las gracias por producir anticuerpos. Siente cómo se vuelve más suave y más pleno. Vuelve a sonreír al bazo y al páncreas; siente si en su interior hay alguna preocupación oculta; deja que la calidez de la alegría, el amor, la rectitud, la amabilidad y la bondad disipen las preocupaciones. Sonríe a la cualidad del bazo (la justicia) y házla salir y descender a la vejiga y a los órganos sexuales.
  11. Conduzca la energía de la sonrisa hacia la zona genita. Esta zona se sitúa a unos 4 dedos por debajo del ombligo. Si eres mujer, sonríe a los ovarios, el útero y la vagina. Si eres hombre, Sonríe a la próstata y a los testículos. Da las gracias por producir hormonas y proporcionarte energía sexual. Deja que el amor, la alegría, la amabilidad y la bondad fluyan hacia esa zona.
  12. Vuelve de nuevo a los ojos. Sonríe rápidamente a todos los órganos de la línea frontal, comprobando que no queda tensión en ninguno de ellos. Sonríe a la tensión, si la hay, hasta que se elimine.

Línea media.

  1. Vuelve a tomar conciencia de la energía producida por la sonrisa en tus ojos. Haz que se deslice hasta la boca. Pon la punta de la lengua en el paladar, tensa los músculos del cuello y traga la saliva, produciendo un sonido audible mientras lo haces. Con la Sonrisa Interior, sigue a la saliva en su camino descendente por el esófago hasta el estómago. Agradécele su importante función de digerir la comida. Siente cómo se tranquiliza y se expande. A veces lo maltratamos con una alimentación inadecuada.
  2. Sonríe al intestino delgado: duodeno, yeyuno e íleón, en el centro del abdomen. Agradécele que absorba los elementos nutritivos de la comida para que te mantengas sano y vigoroso.
  3. Sonríele al intestino grueso. Dale las gracias por eliminar residuos y por proporcionarle una sensación de limpieza, frescura y libertad. Sonríele y siéntelo cálido, agradable, limpio, cómodo y tranquilo.
  4. Vuelve a los ojos. Sonríe rápidamente a la línea media para comprobar si hay tensión. Si es así, sonríele hasta que desaparezca.

Línea posterior.

  1. Vuelve a prestar atención a los ojos.
  2. Sonríe hacia dentro con los dos ojos; deposita la energía de la sonrisa en el tercer ojo (entrecejo). Con la visión interior, dirije la sonrisa hacia la glándula pituitaria, y siéntela florecer. Dirije la sonrisa con los ojos hacia el cerebro. Nota cómo el espacio se expande y se desarrolla con una luz dorada, brillante, y resplandece en todo el cerebro. Sonríe al tálamo, en el que se genera la autenticidad y la potencia de la sonrisa. Sonríele a la glándula pineal y siente cómo esta pequeña glándula se ensancha poco a poco y crece como una bombilla. Mueva la visión interior de su sonrisa como si fuera una luz brillante y resplandeciente hasta el lado izquierdo del cerebro. Muévela después al hemisferio izquierdo.
  3. Mueve la visión interior de la sonrisa hacia el cerebro medio. Siente cómo se expande y se suaviza. Desciende a la médula espinal, que comienza en la base del cráneo. Lleva entonces la sonrisa, transportando esa energía afectuosa, por dentro de cada vértebra y de cada uno de los discos que hay bajo las vértebras. Siente cómo la médula espinal y la espalda van quedando sueltas y relajadas. Nota cómo se suavizan los discos. Siente cómo la columna vertebral se expande y se alarga.
  4. Vuelve a los ojos y sonríe rápidamente a toda la línea posterior. Tu cuerpo entero se sentirá relajado. El ejercicio de la línea posterior aumenta la fluidez de la sustancia espinal y calma el sistema nervioso.

Sonríele al cuerpo en toda su longitud.

Vuelve a empezar por los ojos. Sonríe de manera rápida a la línea delantera. Recorre con la sonrisa la línea media y la trasera. Cuando tengas más práctica, le sonreirás a las tres líneas simultáneamente, notando los órganos y la columna. Ahora, siente cómo desciende la energía por toda la longitud de tu cuerpo, como una cascada, una cascada de sonrisas, alegría y amor. Nota cómo te sientes amado y apreciado.

Almacenamiento de la energía procedente de la sonrisa en el ombligo.

  1. Es muy importante terminar la práctica almacenando en el ombligo la energía de la sonrisa. La zona del ombligo puede manejar de forma sana el aumento de energía generado por la Sonrisa Interior.
  2. Para guardar la energía de la sonrisa, concéntrese en la zona del ombligo pero hacia el interior del cuerpo. Mueva entonces con la mente esa energía en una espiral alrededor del ombligo, 36 veces: no subas hacia el diafragma ni baje al pubis. Las mujeres han de realizar el movimiento de la espiral en sentido opuesto a las agujas del reloj. Los hombres, en la dirección horaria. Cambia después la dirección del movimiento de la espiral y llévala otra vez al ombligo, girando 24 veces. Las primeras veces puede utilizar un dedo como guía. La energía vital o Chi queda así almacenada de modo segura en el ombligo, para que esté disponible en cualquier momento y para cualquier parte del cuerpo que la necesite. De este modo termina la Sonrisa Interior.

Si lo prefieres, puedes recurrir a grabaciones como esta:

Si quieres ampliar información sobre este sistema puedes consultar el texto original de M. Chia en:

Sistemas taoistas para transformar el stress en vitalidad mantak chiaapi.ning.com/files/

 

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