¡Catástrofe total!

Que levante la mano quién no haya experimentado alguna vez en su vida en mayor o menor medida, directa o indirectamente, dolor físico, placer sensorial, derrotas y triunfos, ternura, fracaso, risas y llanto, cariño, injusticia, explotación, rabia, pérdidas de seres a los que amamos, desprecio, enfermedad, alegría, sufrimiento, calma, agitación, amor, ira, salud, frustración, soledad, bienestar …

Y cómo encontrar una expresión que aúne toda esa experiencia, la esencia de lo que supone vivir la vida, una vida inevitablemente imperfecta como imperfectos somos los humanos. Una experiencia que es compartida por toda la humanidad.

Ha de ser una expresión que no sea sensiblera ni cursilona que nos haga comprender de forma significativa lo que supone la condición humana, que nos haga apreciar la suprema riqueza de la vida y de la inevitabilidad de todos sus dilemas, grandezas, penas, tragedias, ironías y paradojas.

Esta expresión no ha de ser complicada, de forma que llegue fácilmente a nuestro entendimiento. Ha de ser una expresión que resuene en ti, que te haga entender de una vez, toda la complejidad del recorrido que supone la vida y que te sirva tanto para los buenos como para los no tan buenos momentos, incluso para los terribles; y que te insufle ánimo y consuelo al mismo tiempo, una conexión con la esperanza y con el coraje necesario para poder seguir adelante; que te ayude a levantarte una y otra vez, aunque te caigas muchas veces. Que te permita seguir celebrando la vida, reirte con ella incluso ante el fracaso y la derrota. Que lleve implícito el conocimiento profundo de que todo en esta vida es transitorio, que todo pasa, que todo cambia con el tiempo, incluido nuestras propias ideas, opiniones, trabajos, relaciones, cuerpos… Todo.

Jon Kabat-Zinn nos habla de “Catástrofe total”, una expresión que le llamó la atención en la película Zorba el griego.  Dicha expresión supone para Kabat-Zinn, la capacidad del ser humano para luchar a brazo partido con lo más difícil de la vida y encontrar todavía en ésta, espacio suficiente para crecer en fuerza y sabiduría. Catástrofe no significaría desastre, si no más bien la profunda enormidad de nuestra experiencia vital. El camino consistiría en danzar en el vórtice de la catástrofe total con humor, para celebrar la vida, incluso en los peores momentos.

“El rio de la vida”, es otra metáfora que se suele utilizar para entender la vida y los interrogantes que ésta nos plantea. En la vida, como en el  río, todo cambia, todo fluye. Nacemos como un hilillo de agua que poco a poco se va haciendo mayor y poderoso hasta que desaparece en el mar. En el transcurso de la vida a veces hay  aguas remansadas y en otras ocasiones, corrientes, cascadas, remolinos, obstáculos, un tronco, una gran roca… A veces, las aguas están turbias, otras cristalinas. A veces cobijan otras vidas, nutren, otras pueden envenenar si el agua se putrefacta…

La poeta Mary Oliver, escribió en uno se sus poemas (The Summer Day),  la expresión “Preciosa, salvaje, única vida”. Del mismo modo, esta expresión se nos presenta reveladora de la tremenda aventura que supone vivir. Una vida tan sencilla y tan compleja, tan hermosa y tan enigmática, tan diversa y tan brutal, tan singular y tan efímera. Una vida que revela su esencia a cada instante sin necesidad de conceptualizaciones.

Otra metáfora que se suele utilizar es la de “Surfear la vida”. Imagina que estás subido a la tabla de surf, esperando plácidamente la ola, tumbado en perfecta armonía con la naturaleza, en total equilibrio. Pero nunca se sabe que ola te va a venir, si será suave y la disfrutarás, si será brusca y romperá en el peor momento desestabilizándote por completo, si te hará chocar contra el fondo y lesionarte… Pero sigues surfeando porque al fin y al cabo sigue siendo aventura, ilusión, aprendizaje, gozo…Un juego de equilibrio y desequilibrio, cabalgar  las olas, bailar con las olas.

También me viene a la memoria una frase de la película Forest Gump, cuando el protagonista relata que su madre le explicó que “la vida era como una caja de bombones, que nunca sabes cual te va a tocar”, añadiendo que ella siempre le explicaba las cosas para que él las pudiera entender. Esta frase, aparentemente simplona, se presenta muy visual, desprende ternura, encierra mucho humor y enlaza con ese espíritu curioso que caracteriza al ser humano y con la certeza de que en la vida nos irán surgiendo situaciones de todo tipo, unas agradables, otras desagradables, otras ni fú, ni fá.

Y ahora, te pregunto yo: ¿cual es tu frase o metáfora?. Por favor, si la encuentras, compártela con nosotros en “Deja un comentario”, al final de la página.

Ahora te dejo con el poema de Mary Oliver:

El día de verano

¿Quién creó el mundo?
¿Quién dio forma al cisne, al oso negro?
¿Quién hizo al saltamontes?
Me refiero a este saltamontes,
el que acaba de saltar en la hierba,
el que ahora come azúcar de mi mano,
el que mueve las fauces de atrás para adelante y no de arriba abajo,
el que mira a su alrededor con enormes ojos complicados.
Ahora levanta una de sus patas y se lava la cara cuidadosamente.
Ahora de pronto abre sus alas y se va flotando.
Yo no sé con certeza lo que es una oración.
Sin embargo sé prestar atención
y sé cómo caer sobre la hierba,
cómo arrodillarme en la hierba,
cómo ser bendita y perezosa,
cómo andar por el campo,
que es lo que llevo haciendo todo el día.
Dime, ¿qué más debería haber hecho?
¿No es verdad que todo al final se muere, y tan pronto?
Dime, ¿qué planeas hacer con tu preciosa, salvaje, única, vida?

 

 

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