¿Por qué cuesta tanto meditar? Consejos para mantener la práctica

¿Qué es lo que ocurre con algo tan aparentemente simple como es el “no-hacer”, estar sentado, quieto y atento, que nos produce tanto rechazo, aburrimiento, pereza, miedo e incluso hostilidad?.

A pesar de los numerosos estudios que evidencian los beneficios cognitivos, emocionales, físicos y conductuales que se derivan de la meditación, parece que hay un número aún mayor de personas que se resiste a comprobarlo. Hasta en las personas más interesadas y comprometidas con esta práctica, antes o después, aparecen las excusas. Son frecuentes las justificaciones y negociaciones con nosotros mismos para evitar ponernos manos a la obra. A veces incluso, nos sorprendemos a nosotros mismos realizando esas tareas que siempre nos han parecido pesadas o tediosas con tal de no sentarnos a meditar. Y es que en efecto, nuestro cuerpo y nuestra mente no están acostumbrados a esa atención y quietud que requiere la meditación y se resiste, y mucho.

En este artículo he querido registrar las excusas y razones más frecuentes que suelen aparecer para zafarnos de la meditación, junto con algunos consejos y orientaciones para animarte a continuar con tu práctica.

1. Uf que pereza, mejor en otro momento.

Es frecuente que te cueste arrancar y comiencen las negociaciones y la tendencia a procastinar (“mejor dentro de un rato”, “primero hago la colada”, “bueno ya mañana”…).

Hazte consciente de este parloteo interior y recíbelo con una sonrisa. Puedes decirte: -“Querida excusa, te veo, pero en este momento voy a hacer las cosas de otra manera, TAN SOLO ESTE MOMENTO”-. Y acto seguido, con determinación, te dispones a practicar.

Puedes comenzar ambientando tu espacio de meditación para hacerlo cálido y agradable, encendiendo unas velas e inciensos. Recréate en la luz tenue, en los aromas. También puedes poner algo de música o tocar un cuenco o campana. Crea y realiza tu propio ritual, a tu gusto.

Si tienes oportunidad, medita en la naturaleza. Esta es capaz de generar momentos muy especiales.

Si estás muy activado y te cuesta mucho trabajo hacer la meditación sentado, puedes comenzar con unos minutos de ejercicio físico consciente tipo yoga, chi kung o taichi.

2. Pero esto para qué vale realmente.

La investigación demuestra que la meditación conlleva muchas sorpresas y beneficios que pueden ir desde introducir un poco de calma en nuestro ritmo de vida, aumentar la consciencia, mejorar la atención, desarrollar la creatividad y la voluntad, ahondar en el autoconocimiento, conectar con el amor, alcanzar tu yo real, desvanecer formas negativas de pensamiento, volverte más compasivo, regular tus emociones, manejar el insomnio, alcanzar la felicidad, disminuir los miedos, controlar los pensamientos intrusivos y las rumiaciones, aumentar el discernimiento, etc.

En cualquier caso se trataría de hacer algo bueno para ti y por extensión para los demás. Esto es algo que tienes que tener claro a la hora de identificar tus intenciones y motivaciones personales. Dedica un momento a discernir cuales son esas motivaciones y escríbelas en un papel.

Pero ahora viene una de las paradojas de la meditación y es que, aunque sin duda buscamos unos efectos, no hay que aferrarse a éstos. Recuerda que no se medita con la intención de obtener algo. No se medita “para”, si no “porque”. Por ejemplo, no medito para ser más sabio, si no porque tengo mucho que aprender; o no medito para ser feliz, si no porque hay momentos de sufrimiento en mi vida.

Abandona toda expectativa. Así es como irá impregnándose tu vida, de forma sencilla y natural, de los beneficios de la meditación. Y cuando estos aparezcan, escríbelos también para que te sirva de motivación en los momentos que abandones tu práctica.

3. ¿Es mejor por la mañana, por la tarde, por la noche?

Cada persona tiene sus preferencias. Las que practican por la mañana suelen aducir que así entran suavemente en el día, amaneciendo con el sol, con los pájaros, con el comienzo de la actividad en su edificio o ciudad…Y que les prepara para afrontar el día que les espera con un sereno y alegre vigor. Los que practican por la noche suelen justificarlo porque les sirve para reflexionar sobre la jornada que han vivido, para descargarse del exceso de tensión acumulada, para dejar a un lado las cargas y tareas laborales o para serenarse y dormir mejor. En los dos casos, el hecho de mantener un horario fijo les ayuda a establecer una rutina más estable.

Pero también hay personas que por sus ritmos y horarios o simplemente por gusto personal, prefieren ir improvisando el momento más adecuado sobre la marcha: una pausa en el horario laboral, el camino de ida o vuelta al trabajo si van en transporte público, antes o después de comer, la sala de espera del médico, haciendo ejercicio físico, etc.

Si te parece, puedes dedicarte un momento de reflexión para ver que cuál es la hora más adecuada para tí y comprométete de alguna manera con lo que hayas decidido. Al menos por una semana, después cambia si ves que la opción elegida no va del todo bien.

En realidad, cualquier momento es bueno para prestar atención al momento presente,  el que estas viviendo ahora, ESTE PRECISO INSTANTE.

4. Estoy demasiado ocupado. No tengo tiempo.

Efectivamente puedes tener niños pequeños, un trabajo muy demandante, tareas pendientes, compromisos sociales… Sin embargo, solo estamos hablando de unos 20 minutos al día (aunque, por supuesto, puedes hacer sesiones más largas de 45 minutos o más). Muchos de nosotros empleamos mucho más tiempo ojeando el periódico, navegando por Internet, viendo cualquier cosa en la televisión…

Nos parece que no tenemos tiempo para nada más, pero lo paradójico de la meditación (otra de las paradojas) es que cuando la practicas regularmente, empiezas a disponer de más tiempo para ti y lo que realmente tienes y quieres hacer. Es cómo si se optimizara tu tiempo.

Recuerda que incluso unos pocos minutos de meditación son mejor que ninguno. Te animo a que no te convenzas a ti mismo de no meditar sólo porque es un poco tarde o te sientas demasiado cansado.

Sin embargo, si algún día no practicas, no te regañes, no te tortures, no te fustigues, simplemente lo reanudas al día siguiente y ya está. Se flexible y permítete días de “vacaciones”. Haz tu práctica lo más agradable posible.

5. Me encuentro muy incómodo sentado, inmóvil. Es como una tortura.

El cuerpo no está acostumbrado a que lo sometas a tal quietud, así que con frecuencia suele “protestar” (sobretodo en la posición sentada con las piernas cruzadas en el suelo), en forma de picores, pesadez, concentración en algún dolor, adormecimientos, sensación de acolchamiento, inquietud, etc.

Si estás muy molesto sentado en el suelo, puedes sentarte en una silla firme y cómoda o tumbarte. Quizá te venga bien un zafú o banco de meditación. También puedes hacer meditación caminando o yoga o algún ejercicio de ese tipo. La meditación en movimiento puede ser tan beneficiosa como la que se hace sentado. Permítete ser flexible, la postura no es lo más importante.

Explora las diferentes posturas y descubre por ti mismo lo que te aporta cada una.

6. Hay demasiadas distracciones y ruido.

El ruido en nuestro entorno es casi inevitable, vivimos inmersos en un paisaje sonoro. Algunos sonidos son humanos, otros proceden de la naturaleza (animales, viento, agua…), otros de máquinas; unos nos parecen agradables, otros desagradables y otros neutros.

Permite que ocurran, sin apegos, sin rechazos. El silencio que buscamos y encontrarás está dentro de tí, no fuera. Y este aparecerá, con la práctica, cada vez con más facilidad, independientemente de cualquier distracción que pueda surgir.

No obstante, puedes desconectar los télefonos y avisar para que nadie te interrumpa durante el tiempo que hayas decidido meditar.

7. No soy bueno en esto. Nunca lo voy a hacer bien.

No se trata de hacerlo bien o mal si no de hacerte consciente de lo que ocurre cuando meditas, ya sea que estás inquieto o calmado, alegre o preocupado, aburrido o fascinado, distraído o concentrado… Incluso si te sientas 20 minutos pensando incesantemente cosas sin sentido, eso está bien.

Así que no te juzgues por tu forma de meditar. La actitud con la que practicas es muy importante y si lo haces de manera rígida, criticándote, exigiéndote, juzgándote, flagelándote, eso es lo que estarás alimentando.

Ten en cuenta que la meditación puede convertirse, si la dejas,  en una compañera para toda la vida, como una vieja amiga a la que acudir cuando necesites apoyo, estabilidad, consuelo, inspiración y claridad. Es en cierto modo un regalo, por ello, acércate a la meditación como tal, con curiosidad, con suavidad en el corazón, con bondad y agradecimiento, como un juego de exploración.

8. Pero esto cuando da resultados.

Algunas personas consiguen ver lo beneficiosa que es la meditación ya en la primera  sesión, pero a otras les lleva más tiempo; puede que notes la diferencia en una semana, o tal vez dos o tres. Numerosos estudios confirman que con una practica diaria de unos 20 minutos se ven resultados en los programas de 8 semanas.

Esto significa que tienes que tener un poco de paciencia y confiar en el proceso lo suficiente como para seguir ahí y continuar practicando, incluso antes de que consigas notar los beneficios.

También tienes que tener en cuenta que los efectos son acumulativos. Cuanto más practicas, mayores son los beneficios. Pero si abandonas, pueden aparecer los viejos patrones de conducta y de pensamiento que ya no deseas en tu vida.

9. Mi mente no deja de pensar. No puedo meditar. Mi mente no se queda callada, va de un sitio a otro. Mis pensamientos me vuelven loco.

En las enseñanzas de oriente, la mente se describe como un mono borracho porque igual que el mono salta de rama en rama, la mente salta de un pensamiento a otro, continuamente distraída y ocupada. De este modo, cuando vas a sentarte en quietud e intentas acallar la mente, encuentras que se produce esta actividad que resulta enloquecidamente ruidosa. En realidad no es nada nuevo, simplemente es que ahora te das cuenta, mientras que antes estabas inmerso en ello, sin enterarte.

La mente funciona así por defecto. Se estima que en una sesión de meditación de 30 minutos podemos tener más de 300 pensamientos. Tras años teniendo la mente tan ocupada, años de crear y mantener dramas, años de estrés y de centrarnos en nosotros mismos, la mente no tiene ni idea de cómo permanecer tranquila.

Con la práctica meditativa, entrenamos a la mente (como se entrena cualquier músculo del cuerpo que queramos desarrollar) para que aprenda a estabilizarse, a centrarse  y no esté tan continuamente agitada. Solo necesitamos un poco de paciencia y constancia.

10. Todo esto no es más que una cosa más de la Nueva Era que está de moda.

La meditación es una práctica muy antigua. Se considera que nuestros antepasados primitivos ya realizaban meditación sentándose alrededor de una hoguera y observando las llamas. Muchos investigadores consideran que las Upanishads (textos sagrados hindúes que datan de varios siglos antes de Cristo) constituyen la base del hinduismo y de disciplinas como el yoga, la meditación y otras formas de práctica contemplativa. Hace más de 2.500 años Buda, buscó y puso a prueba numerosas y diferentes maneras encaminadas a que la mente alcanzara la quietud y se liberara del sufrimiento. Cada religión y cultura tiene su propia variación sobre el tema, remontándose la mayoría varios siglos atrás. Por tanto, en esto no hay nada nuevo ni nada raro.

Y es que meditar es simplemente prestar atención a la experiencia del momento presente y estar con lo que ya es. Nada más y nada menos.

Te dejo con estas reflexiones del maestro de meditación AJAHN CHAH (1918 –1992):

. No digas que no tienes tiempo para meditar. Si tienes tiempo para respirar, tienes tiempo para meditar. La meditación es tan importante como la respiración.

. No te excuses diciendo que porque enfermaste no pudiste practicar. Si no practicas cuando la muerte está cerca; entonces, ¿cuándo lo harás?.

. No practiques sólo cuando estés lleno de energía y de humor para hacerlo. En los momentos de mayor desgano y de menor interés es cuando más necesitas meditar.

. La mente no es como el cuerpo que tienes que moverlo para ejercitarlo. La mente se ejercita aquietándola.

. Para meditar no tienes que ir al santuario ni al monasterio. El mejor lugar para meditar es tu corazón.

. Te recomiendo que, cuando termines tu sesión, no pienses que dejaste de meditar. Sólo di que cambiaste de postura.

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